Arresto de ex rebelde sacude proceso de paz en Colombia.

El proceso de paz de Colombia fue sacudido el lunes por el sorpresivo arresto de un ex líder de la desmantelada guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que está acusado de intentar introducir varias toneladas de cocaína en Estados Unidos.

La detención de Seuxis Hernández, un ex negociador conocido por su alias Jesús Santrich, el lunes alimentó el temor de muchos colombianos a que la formación no haya cortado sus lazos con el floreciente submundo delictivo del país. Además, provocó un intercambio de recriminaciones entre los conservadores críticos con el proceso de paz y los partidarios de las FARC.

Más de 100 antiguos rebeldes y simpatizantes de las FARC se congregaron el lunes en la noche en el exterior del protegido búnker de la fiscalía donde estaba retenido Santrich, de 51 años, para exigir su liberación. Ondeando banderas blancas con la rosa roja que simboliza el movimiento político de los ex guerrilleros, algunos gritaron “libertad” y denunciaron lo que calificaron de acto de sabotaje judicial del gobierno y sus aliados estadounidenses.

El presidente Juan Manuel Santos defendió la detención, que se efectuó en base a una orden emitida por Estados Unidos, como necesaria para mantener la credibilidad de un acuerdo de paz que la mayoría de los colombianos consideran demasiado generoso hacia unos rebeldes responsables de atrocidades durante cinco décadas de un sangriento conflicto armado.

“No me temblará la mano para autorizarla (la extradición)”, manifestó Santos en un discurso televisado para toda la nación en el que intentó asegurar a los guerrilleros desmovilizados que no tienen nada que temer siempre y cuando cumplan los compromisos firmados en el acuerdo de paz de 2016. “Es lo que exige el pueblo colombiano. En eso no puede haber tolerancia ni debilidad”.

Santrich, que se unió a las FARC cuando tenía 20 años y fue ascendiendo en su jerarquía de forma gradual, fue uno de los primeros líderes rebeldes que apostó por la paz. Acudió a Noruega en 2012 para participar en las negociaciones con el gobierno de Colombia y también estuvo presente en el proceso que continuó durante los siguientes cuatro años en Cuba, donde se forjó una reputación como ideólogo conservador.

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