Desorden en Juigalpa impulsa al doctor Guillermo Rothschuh a preguntarse ¿Hay alcalde en la ciudad?

Por Marvin Miranda.
Juigalpa-Chontales.
El doctor Guillermo Rothschuh Villanueva, lamentó como su natal Juigalpa viene creciendo de forma desordenada y hasta se preguntó ¿Hay Alcalde en esta ciudad? Mostrándose sorprendido por la pululación del comercio informal que se apoderó de aceras, además, del parque central donde las familias llegaban a recrearse por las tardes.

“Me llamó la atención cuando fui a visitar a una familia y para (mí) el símbolo del atraso de Juigalpa es un cerco de piedras. Ahí está aquel cerco de piedras que yo conocí cuando era estudiante, aunque lo hicieron un poquito más adentro, porque un alcalde solicitó que se despejara un poco la vía”, contó Rothschuh Villanueva.

“Si fuese cierto que el cerco de piedras obstaculizaba la vía, no existieran esas cosas en el parque (el comercio informal), ni las calles estuviesen atestadas de ventas. Juigalpa en realidad crece en sus orillas y mi próximo trabajo se llamará Las Rondas de Juigalpa”, declaró el autor del libro ¡Esto es Chontales!

Entre 2001 y 2005, expertos en desarrollo municipal pronosticaron, que Juigalpa en un plazo de 20 años se convertiría en la ciudad más importante de la región central y proyectaban su crecimiento hacia el sur, ya que para el este, salida a La Libertad era zona de riesgo, lo mismo ocurría con dirección a las Lajitas y al oeste no se permitía para evitar la contaminación del Rio Las Limas que alimentaba el campo de pozos que le suministraba a los pobladores agua potable.

Este escritor y ensayista jamás se imaginó, que en los bajos de Comabanca naciera un barrio llamado Paiwa por estar a la orilla del rio Mayales y pidió, que no se volviera a repetir aquella llena de 1950 cuando se desbordó y anegó su ribera, provocando en los chavalos calzones chingos de esa época un espectáculo que fue presenciado desde el Centro Escolar Pablo Hurtado Gago.

Del 2010 a la fecha, ninguna autoridad ha logrado ordenar el comercio informal, ni tampoco le han regresado el parque a las familias de Juigalpa y cada día, amanece un vendedor nuevo que despoja al peatón de su espacio y lo obliga a caminar por la vía, corriendo el riesgo que un vehículo lo atropelle.

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