Raúl Castro entregó la presidencia de Cuba.

Después de casi seis décadas, Cuba inició una nueva era: el octogenario general Raúl Castro entregó la presidencia a Miguel Díaz-Canel, un civil casi 30 años menor comprometido a dar continuidad al legado de sus antecesores.

En su primer discurso como gobernante ante la Asamblea Nacional, aseguró que Cuba seguirá siendo “verdeolivo”, apoyándose en los dirigentes históricos y que tendrá en Raúl como guía, en una señal hacia el ala dura revolucionaria, más reacia a sacrificar el legado socialista bajo la espada de las reformas.

“El mandato dado por el pueblo a esta legislatura es dar continuidad a la revolución cubana en un momento histórico crucial, que estará marcado por todo lo que debemos avanzar en la actualización del modelo económico”, dijo.

Para el nuevo presidente, su antecesor Raúl Castro, quien permanece como líder del gobernante Partido Comunista, “encabezara las decisiones de mayor trascendencia”. El cambio de mando fue sencillo, sin pompas, pero muy aplaudido. Raúl Castro dejó su asiento en la mesa principal del Palacio de las Convenciones de La Habana, el que fue inmediatamente ocupado por Díaz-Canel.

El nuevo presidente tendrá que mantener el equilibrio entre la reforma y el respeto a los principios revolucionarios, pero deberá esforzarse por actualizar el modelo económico, un proyecto iniciado por Raúl Castro.

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